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Sin duda, no lo sabe todo, pero mucho menos quienes quieren hacer inversiones sociales: suelen mirar desde fuera y desde arriba. Por eso, uno de los primeros pasos es reconocer qué se tiene y quiénes somos.

La comunidad donde se busca incidir, los inversionistas, el gobierno y quienes forman parte —ya sea de manera interna o externa— deben integrarse en un proceso social que sea formativo y pedagógico, donde se logre que todas y todos partamos de una base común de conocimientos compartidos.

Estos encuentros, además de ser formativos, permiten que las personas se conozcan, establezcan relaciones y generen espacios donde la confianza sea una dimensión presente entre ellas.

Es clave reconocer que no todas las personas participan en el proceso social. Por ende, hay quienes se quedan con las mismas percepciones y conocimientos. Por eso, es importante dotar a quienes sí participan de materiales didácticos y formativos que puedan llevar a sus casas o lugares de trabajo. De esta manera, se da la posibilidad de que compartan, repasen y difundan el conocimiento.

En un proceso social genuino no se parte de lo que falta, sino de lo que ya hay: las personas, sus capacidades, relaciones, historias y aspiraciones. El intercambio de saberes es solo una parte; lo fundamental es construir una visión compartida desde la práctica, donde cada quien aporte lo que tiene y aprende de los demás en el camino.

Más que compartir información, se trata de crear un proceso donde las personas y organizaciones reconozcan su papel dentro de algo más grande. Cuando se logra establecer una visión común, las decisiones dejan de ser solo técnicas o financieras y se vuelven también culturales y humanas.

Los procesos más valiosos son aquellos donde los saberes de la comunidad y los conocimientos técnicos se encuentran. No para decidir quién tiene la razón, sino para construir juntos nuevas formas de entender el territorio y actuar sobre él. Esa reciprocidad es la base de cualquier inversión duradera.

Y aunque la comunidad pueda seguir sin saberlo todo, ya no está en el mismo punto. Ahora tiene claridad sobre lo que sí sabe y sobre lo que necesita aprender. Una comunidad con conocimientos nuevos y compartidos es una comunidad donde la inversión social puede rendir mucho mejor.

No se trata de que la comunidad lo sepa todo, sino de que aprenda a saber juntos.