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El proceso inicia con el reconocimiento de lo que existe en el territorio: quiénes son las personas, organizaciones e instituciones involucradas y qué recursos, saberes, relaciones e historias ya están presentes.

 

La Agenda Vecinal no parte de supuestos externos ni de diagnósticos impuestos, sino de una lectura compartida del contexto construida con la comunidad.

La comunidad de vecinos, junto con actores clave como organizaciones sociales, empresarios, autoridades y aliados, se integra en un proceso formativo y pedagógico. Este proceso busca que todas las personas participantes compartan su visión, experiencias e información sobre el territorio, sus dinámicas y áreas de oportunidad.

A través de encuentros presenciales se promueve el conocimiento mutuo, el diálogo y la creación de vínculos entre personas. La confianza se convierte en una dimensión central del proceso y en un habilitador para la participación y la corresponsabilidad.

A través del diálogo y la experiencia colectiva, se construye una visión común que da sentido a la Agenda Vecinal. Esta visión permite que las decisiones trasciendan lo técnico o financiero y se integren dimensiones culturales, sociales y humanas.

La Agenda Vecinal se construye desde lo que ya existe, no desde la carencia. El proceso identifica capacidades individuales y colectivas, relaciones, prácticas, saberes locales y aspiraciones compartidas.