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Hay algo que solo los vecinos saben del lugar donde viven. No está en los mapas y no aparece en los diagnósticos técnicos. Está en cómo caminan las personas, en las calles que transitan, en quién saluda a quién, en qué conversaciones se repiten. Esa es la percepción vecinal: la lectura cotidiana del territorio hecha por quienes lo viven todos los días.
En Hola Vecino hemos aprendido que antes de proponer soluciones, vale la pena detenerse y mirar el territorio con los ojos de la gente. No para validar lo que ya pensamos, sino para descubrir lo que no vemos de entrada.
Lo que buscamos con un análisis de percepción vecinal no es “averiguar lo que está mal”, sino captar cómo se siente estar ahí. La sensación de seguridad, la confianza, la relación entre vecinos, la manera en que se usan los espacios, la presencia o ausencia de vínculos…
Hacer análisis de percepción vecinal es, en el fondo, aprender a leer señales: dónde hay disposición, dónde hay resistencia, dónde hay memoria, dónde hay olvido, dónde hay energía comunitaria esperando activarse. 
Al final, la percepción vecinal no es una herramienta. Es una manera de estar en el territorio: con atención, con respeto y con la disposición de escuchar antes de intervenir.