En cada territorio existe un conocimiento que vive en las manos, en las historias y en la imaginación de la gente. Y ese conocimiento no se activa solo; necesita un espacio donde pueda salir, mezclarse con el de otros y transformarse en algo compartido. Ese espacio son los talleres participativos.
En Hola Vecino vemos los talleres como momentos donde la comunidad no solo conversa, participa y se vuelve miembro activo del proyecto. No son clases ni capacitaciones tradicionales. Son lugares donde la gente se reconoce entre sí, cada individuo pone en palabras lo que sólo intuía, prueba ideas, y en el proceso descubre que puede aportar más de lo que pensaba.
Un taller participativo funciona cuando la atmósfera es la correcta. Parte de nuestro trabajo es generar ese espacio de confianza y brindar los materiales necesarios para que las personas puedan imaginar, construir y plasmar sus ideas.
Un buen taller no termina cuando se recogen los materiales. Termina cuando la gente sale con una sensación distinta:
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La de haber formado parte de algo.
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La de haber sido escuchada.
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La de que su voz dejó un rastro.
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La de que, por un momento, su comunidad se sintió más cercana y más suya.

